
|
| |
Artículos |
| |
¿QUÉ
SE ESPERA DE UNA VÍCTIMA DE INCESTO? |
|
|
Por Lic. María
Cristina Vila |
| |
La familia requiere de todos sus miembros, pero especialmente
de sus hijas, la lealtad que confirma e idealiza lo
que ocurre dentro de sus fronteras. No importa cuán
pequeño sea el poder de la hija, se espera
que se una a sus padres para promover las reglas y
rituales que demuestran y mantienen la armonía
familiar. Para evitar el exilio, para no perder la
familiaridad emocional de la familia, no tiene otras
posibilidades que aceptar el juramento con sus consecuencias
de jerarquía y desigualdad organizadas en la
vida cotidiana.
Cada miembro de la familia tiene el mandato social
de cumplir sus deberes y las obligaciones de su rol.
A los padres se les confía la responsabilidad
de proteger a sus hijas de los peligros de su indefensión
física y social. Las hijas confiarán
y obedecerán a los adultos que declaman actuar
en su interés.
Unidos por el amor y el deber, la gratitud y el miedo,
la hija sólo puede esperar que sus padres comprendan
los límites de la niñez y no la empujen
más allá de ellos. Lentamente y con
muchos reaseguros la hija crece para confiar en los
padres y espera que ellos acoten su poder absoluto
con compasión y amor.
A través de las pruebas de la infancia, la
frustración de la indefensión y el terror
de ser totalmente dependientes de los caprichosos
pero amados tiranos, las hijas ingresan a la niñez
con una sensación de control sobre el mundo.
Al romper el tabú del incesto el padre deja
que su hija sepa que ha ido demasiado "lejos"
por ella. Al violar el tabú que separa al hombre
y la sociedad de los animales y la naturaleza, el
padre acepta que el oprobio moral y los celos de su
cónyuge son poco frente a su deseo. La hija
sabe que algo está mal, ya que debe ser un
secreto, pero haber sido elegida por un poderoso y
la secreta alianza sexual la hacen sentirse especial.
La hija se pregunta por qué la madre no sospecha
lo que pasa. ¿Habrá autorizado la madre
esta conducta? Niega la dolorosa posibilidad de que
la madre lo sepa y no haga nada. El sacrificio de
su cuerpo, de su infancia se convierte en la responsabilidad
de la hija y el padre no es culpado. La protección
del padre (por parte de la hija) es para protegerse
de haber perdido la protección. Pero está
enojada con su madre porque no supo o no intervino.
La hija se resigna al aislamiento y al silencio desesperado.
Cree que debe salvarse sola, sin el deseo de su madre
de salvarla.
La dependencia, la curiosidad sexual, el amor por
su padre, han sido traicionados: un adulto ha utilizado
el triángulo familiar para satisfacer sus necesidades.
….No hay un acuerdo general acerca de la función
original del tabú del incesto pero es claro
que la buena parentalidad requiere proteger a las
hijas de las demandas de servicio sexual para padres
y hermanos. No importa cuán depravado el padre
se sienta, la sociedad le pide que le permita a su
hija crecer en su infancia sin sexualizar su vínculo
con ella y sin priorizar sus necesidades ante las
de su hija.[1] Cuando un padre cruza la barrera cultural
del tabú del incesto, termina la infancia de
su hija, queda privada de lo que necesita de un padre.
Transforma el contenido de la infancia y la usa para
una negociación adulta heterosexual. La hija
cree que no puede rechazarlo porque él tiene
poder y porque ella tiene sus emociones entremezcladas.
El incesto ocurre cuando el padre se hace responsable
de la iniciación sexual de su hija. El deseo
de manejar el intercambio de “inocencia”
con “experiencia”, puede consistir en
pedirle que lo toque o que la deje a él tocarla.
Puede empezar cuando ella tiene 2, 3…10 años
hasta la pubertad y la adolescencia o puede dejar
de hacerlo cuando ella lo mire asustada o enojada.
El puede haberla tocado una sola vez o haber creado
rituales elaborados de seducción y fantasías
sexuales que duraran años metidos en las “rutinas”
normales del crecimiento. No importa cuantas veces
el padre incestuoso le pida a su hija acercamiento
sexual, no importa cuanto difieran los detalles de
los actos, confunde la naturaleza de la relación
padre-hijo, al colonizar el cuerpo de su hija para
su uso.
Un padre que hace una alianza abierta con su hija
origina sentimientos mezclados en ella. Debido a que
los adultos y los niños compiten unos con otros
por los escasos recursos de aprobación, la
frontera entre los socialmente poderosos y los no
poderosos a menudo es confusa. Aunque todos habitan
y cooperan, cada uno espera obtener algo del otro,
para sentirse menos depravado y dependiente. Cuando
las inherentemente inestables reglas de la situación
triangular estimulan sentimientos abrumadores de depravación
en uno o en ambos padres, las reglas culturales para
la parentalidad quedan amenazadas y el niño
está en riesgo de ser abusado.
Cualquier hija estaría contenta de que papá
quiera pasar tiempo a solas con ella. A ella le gusta
cuando papá maneja el auto o los encuentros
secretos cuando mamá se va de casa. El padre
que actúa con deseos incestuosos agrega otra
dimensión a su juego. Puede querer tocarla
o besarla en lugares que ella conoce sólo por
su masturbación…
Cuando una hija recuerda la infancia, la memoria del
incesto tiene cualidad de sueño. Mientras que
muchos actos sexuales son claros como el cristal,
la mayoría de sus estados emocionales son opacos
y a menudo resisten la claridad del lenguaje. La hija
ha sentido recuerdos, trazos de sentimientos que no
parecen encajar en la historia que ella ha contado
o que se cuenta a sí misma. Acerca de su especial
secreto y cómo se siente con él.
Al romper el tabú del incesto el padre deja
que la hija sepa que él irá así
de lejos por ella. Con la violación el tabú
que separa al hombre de la sociedad de los animales
y la naturaleza, admite el oprobio de la sociedad.
La hija sabe que hay algo mal, ya que debe permanecer
secreto, pero ser elegida por el adulto más
poderoso en la familia le gusta y la secreta alianza
sexual la hace sentirse especial.
Como conocedora del lenguaje de la familia la hija
sabe que el padre ha elegido dirigirse a ella en el
lenguaje del amor. Esto cambia el sentido de su cotidianeidad,
su dependencia y su indefensión. El le habla
como un igual, le dice que ella tiene algo que él
necesita y quiere, que ella, su pequeña hija,
debe ayudarlo. Su padre invierte las cosas y le promete
todo su amor, diciéndole que él le está
dando algo muy importante, que le servirá después
en la vida. Le está enseñando a ser
una mujer. No sólo debe pasivamente permitirle
a su padre satisfacerse con ella sino que debe depender
de él para su propio placer. A cambio de su
silencio, él promete delicias.
Le habla como a un aliado, le dice que comparten un
secreto. Están unidos por un acto tan malentendido
que nunca debe mencionarlo. Le dice que no se lo diga
a la madre: ella no comprendería, se pondría
celosa por estar fuera del juego, estaría enojada
con su hija y le gritaría, tal vez se iría.
El secreto es obviamente muy importante, como compañeros
en un delito, son dos fuera de la ley, actúan
de manera normal la mayor parte del tiempo, pero vuelven
a su vida secreta donde el deseo transforma la indefensión
social de la hija en poder erótico.
El incesto crea una situación imposible para
la hija que debe llevar una doble vida. No puede contarlo
porque el enojo de su madre destruiría la relación
con su padre. La hija cree que si su madre descubre
su parte en el juego, la culpará y todo llegará
a un dramático final. La seducción agresiva
del padre, hostil con la madre y la niña, pudiera,
si se revelara, dejar a la hija sin aliados, tal vez
con dos enemigos, y a la madre con la tarea de elegir
entre defender a su hombre y proteger a su hija. Si
tienen éxito al engañar a la madre con
su secreto, la han salvado de actuar elecciones potencialmente
intolerables.
El incesto crea una situación imposible para
la madre cuya indefensión social y su dependencia
psicológica la hacen desear amparar la autoridad
del padre y proteger su posición que es proteger
la propia. Si lo confronta con sus sospechas, él
pueda dejarla y si él la deja ella puede ser
incapaz de cuidar a sus hijos. Sin su ingreso económico
para mantener a la familia, la madre se enfrenta a
una pobreza cierta. Queda jaqueada entre su economía
y la intensidad de sus emociones. Ella también
fue hija y aprendió que para sobrevivir hay
que complacer a los hombres.
La madre es el único miembro de la familia
que tiene la responsabilidad socialmente definida
de reforzar el tabú del incesto en la familia
nuclear. Se le requiere vigilar a la familia de los
signos de negociaciones sexuales entre cualquiera
de sus miembros; debe proteger a su hija y controlar
los impulsos de su marido. Su rol la fuerza a enfrentar
la posibilidad del incesto porque si ocurre ella tendrá
la responsabilidad.
Una esposa rara vez piensa en su marido como el hombre
que podría confundir el rol parental de cuidador
de la naciente autonomía de un niño
con la de un hombre heterosexual que le pide a su
joven hija ser su amante secreto. Una esposa no puede
albergar la idea de un marido que ignore el tabú
cultural acerca de que el padre inicie a la hija en
la heterosexualidad adulta. No comprende la clase
de hombre que pondría sus necesidades sexuales
en el estrecho margen entre la naturaleza y la cultura.
¿Podría no entender o sólo pretender
que no entiende? ¿O ve a la hija como su propiedad
para usar como quiera?
La hija, inevitable víctima de su falta de
poder, tiene la esperanza de que la madre desafíe
y venza la autoridad del padre restaurando su sentimiento
de seguridad tan repentinamente amenazado por las
reiteradas caricias. Quiere que su Madre Mágica,
su primer amor y su fuente de esperanza la recate.
Aunque la hija ha violado un secreto nacido entre
promesas y amenazas espera que su madre la proteja
como hizo en el pasado.
La hija se pregunta por qué la madre no siente
lo que está pasando por qué no sospecha,
por qué no trata de desviar la atención
del padre de ella.¿Podría ser que la
madre se lo permitiera? ¿Es su silencio y su
falta de curiosidad una señal para la hija
de que comparte la situación con su marido?
¿O quiere sacrificar a su hija por su propia
seguridad y buen nombre?
La posibilidad de que la madre sepa y no haga nada
es una crucifixión para la hija por lo que
niega que esa posibilidad exista. La hija clasifica
a la madre como una pobre inocente, engañada
por la excelente actuación de la hija y su
generosa manera de ser. El sacrificio de su cuerpo,
de su infancia, de su autonomía es responsabilidad
de la hija y la madre está eximida de ser culpada.
Ante los ojos de la hija la verdadera víctima
de incesto es la madre.
La protección de la hija es proteger a la madre
de su protección y cubrirla de su rabia- Está
enojada porque su madre no sabe o no interviene. Pero
pocos sobrevivientes de incesto culpan a su madre
porque éste continúe, dicen que era
su responsabilidad no preocupar a su madre. Desde
que sienten que pierden a su madre por complacer a
su padre se resignan al aislamiento y a la silenciosa
desesperanza. Cree que debe sostenerse sola, sin su
madre y renunciar a su deseo de ser salvada. Deja
pistas pero su madre no las vé y la hija extrae
la conclusión de que la madre no quiere saber.
Sin opciones reales sigue su propio consejo, racionaliza
su aislamiento y su completud con metas como salvar
a la familia, proteger a sus hermanos menores del
padre, o asegurar el bienestar de la madre. Todos
los días se enfrenta al incesto como una mártir,
acepta su destino.
El incesto requiere que una niña pequeña
tome precozmente los atributos sociales y psicológicos
de la femeneidad. Como otras relaciones heterosexuales
basadas en la desigualdad de poder, el incesto es
una relación que el padre “hace romántica”
y la presenta como un acto de amor. El sentido de
indefensión social del niño es confundido
por la insistencia de su padre por el poder erótico.
Su secreto le requiere ser femenina: cooperadora,
altruista, y sobre todo, complaciente. El define la
situación y espera que ella la acepte con placer.
Mientras ella lo protege a él de estar expuesto,
debe pensar en su seguridad más que en la propia,
obedecer su autoridad, quererlo y satisfacer sus demandas.
Desprotegida por su madre y unida por el secreto a
su padre, a la hija le atemoriza negarle acceso a
su cuerpo, no darle lo que él quiere. El disfruta
el derecho de demandar su placer y el derecho de castigar
su resistencia. El sentido infantil de grandiosidad
de la infancia no es una defensa realista en la situación
de inequidad situacional que refuerza su indefensión.
No puede controlarlo a él aunque se siente
responsable, ella no lo hizo iniciar el intercambio
sexual y no puede hacer que lo detenga. El reclama
sus derechos a ella en virtud de ser su padre, así
como un hombre heterosexual. Asustada de perder el
único padre con el que comparte su secreto
y que la quiere por su silencio y complacencia, la
hija se torna emocionalmente dependiente de su padre-amante
para su sentimiento de autoestima y seguridad.
A través de su iniciación en una relación
incestuosa con su padre, la hija piensa que tendrá
un aliado en su vida, alguien que querrá y
estará en deuda con ella por no exponerlo.
El le confió a ella la responsabilidad de protegerlo
a él y su madre. Como co-conspiradora, sin
poder para cambiar la situación la hija usa
su limitada autonomía para servir las necesidades
del padre, ni importa cuán inapropiadas sean.
Debe permanecer en silencio por auto-protección
y por la de los adultos que dependen de su mudez para
conservar su sentido de la unidad familiar.
Como iniciación sexual el incesto lleva en
sí el ideal estereotipado y romántico
de la cultura: el hombre mayor, más experimentado,
gentil y cariñoso con la sexualmente ingenua
e inocente. Puede ser rudo en el mundo público,
pero en privado es amable con su mujer. El padre frecuentemente
juega este rol con su hija. La hija debe jugar a su
vez su parte, inocente del significado de sus demandas,
deseando complacer sin cinismo ni rabia. Si ella juega
el rol que su padre quiere, debe preservar la apariencia
de bondad e inocencia aún cuando sus demandas
sexuales se hagan más insistentes y desagradables.
Se le pide que sea una chica buena y una chica mala,
la hija está colocada en una posición
esquizofrénica, está fragmentada por
tener que ser una traidora en la casa de su madre,
la secreta concubina de su padre y la chica que cumple
sus deberes protegiendo a su madre del dolor. Su situación
concreta es romantizada- el amor es racionalizado
como un motivo para la invasión. Incomunicada
de su infancia, no siendo aún una mujer adulta,
está ubicada para no sentirse violada, sino
celebrada, no para sentirse abrumada y fuera de control,
sino especial, no para resistir sino “Papá
lo sabe todo ”.
La hija continúa creyendo como los más
inocentes sobrevivientes lo hacen que ella despierta
en su padre pasión y provoca el incesto por
su deseo de estar cerca de él y esto la convence
de que algo poderoso y demoníaco reside en
ella. Después de todo, piensa, ella fue capaz
de atraer a este hombre, que de otras maneras fue
siempre responsable, a través de las fronteras
culturales-. Ella piensa que su cuerpo contiene un
poder secreto que hace que los hombres transgredan
las reglas básicas de la civilización,
desafiando el desprecio y la venganza social. Habiendo
dado tanto para complacerlo, ella puede retener una
imagen de sí misma como una seductora irresistible
para el hombre que le prometió su amor.
La culpa y el miedo no dejan de estar en los recuerdos
de la seducción infantil.La hija cree que es
culpable por las acciones del padre y todavía
no ha reconocido la separación que existe entre
el deseo de un adulto y el de un niño. Al rechazar
la conciencia de su indefensión ella se sostiene
en que sus pensamientos y los de su padre son los
mismos. Si ella no puede aceptar su real victimización
nunca tendrá que perder su perspectiva grandiosa
e infantil de las relaciones heterosexuales o abandonar
su deseo de unirse a un hombre.
El incesto usualmente se da en un punto de la vida
de la niña en el que opera el pensamiento mágico.
Ella siente que controla o causa lo que ocurre a su
alrededor. Llevado a la adultez ese pensamiento mágico
es disfuncional. Los niños cuyos padres los
han ayudado a comprender cuán finito y minúsculo
es el control sobre los hechos reales, se hacen concientes
de las opciones limitadas disponibles para ellos en
las situaciones sociales. Un padre que estimula a
su hija a distorsionar la realidad y a aceptar responsabilidades
por acciones desencadenadas por los adultos genera
confusión acerca de los límites y hechos
y de la habilidad de la hija para controlarlos.
Fuera del hogar la hija trata de actuar como otras
chicas de su edad, nunca revela el conocimiento y
la experiencia de la heterosexualidad que ella considera
que es su diferencia con las demás. Piensa
que sólo le pasó a ella. Continua la
comedia que asegura su supervivencia y mantiene a
la familia unida. Pero a menudo sufre porque no está
segura de que los límites sean reales, se siente
incómoda diciendo que no, es incapaz de tomar
decisiones firmes o hablar por sí misma. Tiene
miedo de someterse a las demandas de otros adultos
y mantiene un bajo perfil, duda para hablar porque
tiene miedo que el secreto escape de su boca. No está
segura de qué le corresponde o es capaz de
afirmarse. No le dice a nadie y espera que las marcas
del incesto desaparezcan con otros traumas de la infancia.
No ha habido palabras sociales para describir la experiencia
del incesto de una hija. Los sentimientos ocultos
tan profundamente, tanto tiempo, llegan a la superficie
con sedimentos de dolor y humillación. La carga
emocional de los eventos se detona cuando la hija
recuerda la transgresión y le da su nombre
propio “incesto”. Se sorprende por la
revulsión de otras personas y se siente un
objeto de piedad. La miran con sospecha o mueven la
cabeza con tristeza. Buscan signos de su inocencia,
alguna expresión de su odio al hombre, desprecio
similar al de ellos por el abuso de poder.
|
|
|
|
|