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MARÍA
y CLARA, LOS SERES HUMANOS DETRÁS DE LAS ESTADÍSTICAS |
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Por Silvina Molina
· Urban@s en la Red |
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Las frías
y dudosas estadísticas dicen que uno de cada
cinco niños y niñas son abusados sexualmente
en Argentina. Y los números son personas. Tienen
nombre, rostro y una historia para contar. Porque
cada vida es única. Porque cada niño
o niña abusada es única. Por eso, este
reportaje no es uno más: es la vida de María
y Clara*, una madre y una hija que vivieron el infierno
del abuso, y que quieren compartir con otras Marías
y Claras su historia.
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“Tengo muchas ganas de ayudar a otras mamás”,
es lo primero que dice María cuando se enciende
el grabador.
Lo dice después de cuatro años de infierno,
porque hace exactamente un mes –el 7 de julio
de 2009- el Tribunal en lo Criminal N° 5 de San
Isidro condenó a su ex pareja, RGB, a la pena
de tres años de prisión en suspenso
por el delito de abuso sexual agravado en perjuicio
de su hija Clara, que hoy tiene cinco años,
y que al momento de la agresión sexual tenía
apenas un año y ocho meses.
En el juicio quedó demostrado que RGB le daba
besos de lengua a su hija, lo que implica un tipo
de abuso sexual con acceso carnal. “Se entiende
ahora que la boca de un ser humano es una cavidad
receptora que configura dicho ilícito”,
dice la sentencia de los jueces Mario Kohan, Ariel
Introzzi Truglia y Raúl Neu. Y agrega: “Por
ende, resulta claro que la invasión de dicha
cavidad connota una actividad de neta índole
sexual”.
Además, los magistrados entienden que la niña
“ha sufrido una afectación de su psiquis
en la esfera sexual”.
Es que la Ley 25.087 modificó el Título
III del Código Penal, antes mal llamado ‘De
los delitos contra la honestidad’ que pasaron
a ser ‘Delitos contra la integridad sexual’,
lo que amplía el concepto de la violación,
aceptando cualquier vía de penetración
para la perpetración del crimen.
LAS SEÑALES
RGB es director de teatro y dicta clases a niños,
niñas y adultos. María mantuvo una relación
con él, que duró hasta los cincos meses
de embarazo. Luego de la separación, visitaba
a la nena y la llevaba en un régimen amplio
de visitas. De pronto, la nena comenzó a dar
señales de que algo estaba pasando. No hablaba
con palabras, pero se manifestaba de otra manera.
-¿Cuál es el primer llamado de atención
de que algo pasaba con la nena?
-Clara empezó a acariciarse los labios permanentemente
y entraba en un estado de vacío: le hablaba
y se quedaba mirando un punto fijo, y no respondía.
Podía estar así hasta media hora. Yo
pensé que era autista.
-¿No se te ocurría que podía
ser otra cosa?
-No… Después, todo empezó a saltar
al mismo tiempo. Clara hizo una infección urinaria
con un seguimiento patológico, según
me dijo el pediatra, y ahí tampoco pensé
en abuso, porque yo no sabía que esta situación
podía ser una manifestación.
-¿El pediatra no sospechó?
-No, porque él no sabía nada sobre abuso.
Es más, se interiorizó en el tema por
el caso de mi hija, y ahora yo le mando pacientes.
-¿Qué otros síntomas notaste
en la nena?
-Clara dejó de comer. Era una nena que comía
muy bien. Comenzó a hacer bolos con la comida
y a escupirla. No jugaba más, y empezó
con una masturbación compulsiva – a pesar
de que usaba pañales-, contra mi cuerpo. Cuando
la quería sacar de esa situación se
alteraba, gritaba y lloraba. Ahí consulté
a mi osteópata, a mi psicóloga y a mi
hermana, que es psicopedagoga. Y me recomendaron que
consultara urgente con un especialista.
Comenzamos a analizar qué pasaba con Clara
cuando dejaba de ver a determinadas personas, para
identificar si los síntomas seguían.
Pero seguía viendo al padre y nada cambiaba.
Los cambios se notaban cuando dejaba de verlo.
Fui al Centro de la Niñez de Vicente López
con la nena y tuve una entrevista con una psiquiatra.
En esa consulta, la nena se puso entre dos sillones
y se dobló, lo que le llamó mucho la
atención a la profesional.
Luego me contactan con una psicóloga del equipo.
El día que me llama la psicóloga, voy
a recibir a Clara porque el padre la traía.
Ella se estaba riendo porque el papá le hacía
cosquillas, y veo que el padre saca la lengua y se
la mete dentro de la boca a la nena. Y después
le da un piquito. Quedé shockeada… la
nena tenía un año y ocho meses. Le dije
que no se dejara hacer eso. La niñera fue testigo
de ese momento.
-Y no era la primera vez…
-Le cuento a la niñera y me dice que en otra
oportunidad el padre había hecho lo mismo delante
de ella, pero que no me lo había comentado
porque, si bien le había causado repugnancia,
creía que yo lo sabía y pensaba que
cada familia tenía sus códigos.
-¿Hiciste la denuncia?
-Fui a la psicóloga del Centro de Niñez,
que me dijo que tenía que hacer la denuncia.
A mí me costaba tomar la decisión…
no la hice enseguida. A todo esto, Clara cada vez
que venía de estar con su papá, tenía
la vagina y la cola irritada, y yo pensaba que era
porque él no le cambiaba el pañal.
Un día, cuando yo le estoy cambiando el pañal,
Clara se pega en la vagina y dice “pito”.
Estaba mi otra hija y me dice: “¿De donde
sacó Clara eso?”.
-Porque la nena no hablaba…
-Decía palabras aisladas. Después fui
atando cabos. En ese momento no podía darme
cuenta.
-¿Qué otros cabos ataste?
-Que él me contaba que iba al shopping con
Clara y que la llevaba al baño de varones y
la tenía a upa mientras orinaba. Incluso una
vez me dijo que otro hombre que estaba al lado de
él, le hizo un chiste con respecto a la situación.
Clara había dejado de jugar, estaba muy irritable,
tenía -y sigue teniendo- terrores nocturnos.
El padre, cuando ella tenía como tres meses,
me pide que lo deje cambiarle el pañal, la
desnuda y se queda esperando para verla hacerse pis.
Cuando vuelvo a mi dormitorio y veo lo sucedido, el
me dice muy jocosamente: ‘No te enojés,
quería verla hacer pis’. Después
yo me entero que a los pedófilos les excita
ver a los niños orinar y defecar.
-¿Lo encaraste a él, le planteaste lo
que notabas que estaba pasando con la nena?
-Cuando en el Centro de Niñez me dicen que
haga la denuncia, yo sugiero hacer una reunión
con mi psicóloga y con él para hablar
de lo que estaba pasando, y para decirle que haga
un tratamiento. Manejarlo fuera de lo legal. En la
reunión yo le pregunto si él no deja
a la nena con alguna persona. Me dice que no, de ninguna
manera. Le digo lo que está pasando, y que
me sugirieron hacer la denuncia porque sino era cómplice.
-¿Y él qué hizo?
-Se puso muy violento. Hostigaba a mi psicóloga
y negó todo. Cuando le dije que yo misma había
visto que le dio un beso de lengua a la nena, él
dice “no sé qué me pasó”.
Después se preocupó por saber dónde
me estaban asesorando, y qué persona me había
atendido. Eso, porque él es empleado municipal
Y dice: “A mí nadie me va a venir a decir
lo que puedo hacer con mi hija. Si quiero, le puedo
chupar la boca y la cara si se manchó con caramelo…
Díganme qué puedo hacer con mi hija
ustedes, entonces”.
Mi psicóloga le recomendó que busque
ayuda profesional urgente, porque sino la denuncia
la hacía ella. La respuesta de él fue
invitarme para que juntos vayamos a comprar los regalos
de Navidad para la nena…
-Usando su seducción…
-No lo podía creer. Me hablaba como si nada.
-¿Y buscó ayuda profesional?
-La llamó a mi psicóloga y le dijo que
se estaba asesorando…pero legalmente.
Yo vuelvo al Centro de Niñez para que me acompañen
a hacer la denuncia, pero me dicen que no pueden acompañarme
porque yo no había cumplido con las pautas
y los tiempos. Me dejaron sola. Me puse a llorar.
-¿Hiciste la denuncia igual?
-Al otro día me fui al Juzgado de turno, donde
me pidieron que lleve a la nena. Pasamos por distintas
profesionales y me preguntaron por qué no hacía
la denuncia penal. Yo lo que quería era que
él se curara, no que fuera preso… pero
claro, yo no sabía que no tenía cura.
Me citan a una conciliación, y ahí yo
me doy cuenta de que eso era una locura. Y además,
yo no tenía abogado.
-¿Él comenzó a presionarte?
-Me hizo juicio por alimentos e impedimento de contacto.
Intervino Familia y el Juzgado de Menores, pasa la
causa a esa instancia. Mi abogada, Carmen Storani,
desestimó la conciliación para un caso
como éste.
Él fue al Tribunal de Familia con una remera
blanca que tenía estampada una foto de él
con Clara abrazados y que decía “te amo”.
-¿Fue una audiencia de conciliación
en Familia?
-Si, porque él decía que yo no aceptaba
que me pasara alimentos, cuando en su vida me había
pasado plata. Lo que hacía era comprar lo que
él quería, o llevarme a mí a
comprar con él, una situación de manejo
de poder total que me hacía sentir muy mal.
-¿Y que pasó?
-Un desastre. La jueza decidió tres revinculaciones
con la presencia de una asistente social.
-Y en cada revinculación la nena retrocedía
-Totalmente. Además la nena no quería
ir con él. La última vez se hizo pis…
-¿Todavía usaba pañales?
-La nena usó pañales hasta los cuatro
años. Recién dejó de hacerse
caca hace cuatro meses. Hoy Clara tiene 5 años.
Tenía problemas de enuresis y encopresis.
-Duró más de un año la instancia
de las revinculaciones ¿Cuándo hacés
la denuncia penal?
-La hice mientras yo estaba procesada. Lo que pasó
es que en la última revinculación, Clara
sufrió un proceso maniaco. Y lo repitió
al otro día, cuando la llevé a la psicóloga,
quien hizo un informe donde recomendó que el
padre no la vea, porque la nena no tenía herramientas
para defenderse y había hecho un retroceso
en el tratamiento. Presentó el informe psicológico
en la Fiscalía, pero él había
ido con la asistente social a denunciarme por impedimento
de contacto. Y la fiscal me procesó.
La psicóloga de Clara es la licenciada María
Laura Moral Montero, quien en el juicio explicó
que la nena llegó a la consulta por sospechas
de autismo por parte de la madre, patología
que fue descartada ya que la nena “presentaba
13 de los 25 síntomas establecidos por el protocolo
facultativo de la Convención de los Derechos
del Niño relativos a la venta de niñas/os,
pornografía y prostitución infantil.
Y los síntomas que no tenía eran impropios,
por su corta edad”.
Moral Montero relató en detalle el episodio
maníaco que tuvo la chiquita en su consultorio,
como también una serie de manifestaciones que
le permitieron llegar al diagnóstico de abuso,
y sostuvo que “se produjo un daño en
la salud mental” de la niña.
“Es un quiebre en ella –dijo-, es un traumatismo
fuerte el abuso sexual. Hay que distinguir síntomas
de secuelas. Hoy no hay síntomas, lo que no
implica que no vayan a aparecer en el futuro, bien
cuando se desarrolle o cuando se tenga que relacionar
sexualmente con otras personas”.
LAS OTRAS VIOLENCIAS
María soportó procesos judiciales, desconfianzas,
soledades. Pero siguió adelante.
-¿Tuviste que pasar por otro juicio en tu contra?
-Apelamos a la Cámara, que me desprocesa y
recuerda que hay que proteger a la niña y no
a los adultos. Y lo procesan a él.
-Ahí hacés la denuncia…
-Sí. Me atiende el fiscal Alejandro Guevara.
Fue la primera vez que me sentí contenida por
el sistema.
-Te creyó…
-Me creyó, me contuvo, se solidarizó.
Fue imparcial. Y elevó la causa a juicio.
-Pasó un año largo hasta que te decidiste…
-Tardé mucho en caer. La verdad es que el día
que lo condenaron no pude escuchar más. Me
puse a llorar…
-¿Habías llorado antes?
-Era muy raro que llorara. Tengo dos hijos adolescentes
de una relación anterior, que también
tenía que contener, y que tuvieron que hacer
tratamiento psicológico por todo esto. Mi casa
se volvió caótica.
-Imagino que una de las estrategias de defensa de
él fue tratar de generar sospechas sobre tu
hijo varón adolescente…
-Quiso ensuciar a mis hijos y a mi ex marido.
La estrategia de la defensa del abusador remite en
muchos puntos al inexistente Síndrome de Alienación
Parental (SAP). Ante la embestida, los jueces dictaminan
en la sentencia que no hay “ningún atisbo”
por parte de María “de perjudicar deliberadamente
al imputado”, al contrario, destacan que “era
completamente reticente a hacer la denuncia”.
Asimismo, el juez Mario Kohan subraya que las afirmaciones
del doctor Carlos Díaz Usandivara -perito
presentado por la defensa de RGB- “deja perplejo
a quien esto escribe: da por cierto que el acusado
besó a la nena con su lengua en tres oportunidades,
pero que ello no puede causar males y que no constituiría
un delito”.
Y continúa el magistrado: “En efecto,
no entiendo cómo un profesional de la salud
puede afirmar con tamaño desparpajo (el mismo
que desplegara en su declaración prestada por
ante estos Jueces) que un beso con la lengua ‘no
es para tanto’, como esbozó en su declaración,
obviando la edad de la víctima y otros datos
que señalan lo contrario”.
Y añade Kohan que “lo realmente llamativo
y preocupante es que, además de las funciones
que cumple en el ámbito de sus incumbencias
profesionales, pretende además arrogarse competencias
que no le son propias, como ser la determinación
acerca de qué es o no delito”.
HERIDAS
María y Clara conviven con una hija y un hijo
adolescente de una anterior pareja. Todos debieron
atravesar este duro proceso.
-Te permitiste llorar cuando escuchaste que lo condenaron.
-Si. Yo me enfermé mucho. Me tuvieron que hacer
biopsias de estómago y duodeno. Tengo una hernia,
gastritis crónica…
-El cuerpo manifestó…
-Mi cuerpo reventó.
-¿Cómo está la nena?
-Clara es increíble. No termina de sorprenderme
cómo funciona el inconciente en los chicos.
En casa se tenía prohibido nombrarlo a él,
salvo que la nena lo nombrara. Y ella empezó
a hablar, a contar. Por ejemplo, que posaba muy sugestivamente
y el papá le sacaba fotos. Eso lo hizo en una
de sus crisis delante de la psicóloga. O cómo
la frotaba en determinadas zonas cuando la bañaba…
Hace poco encontró fotos de su papá
–todavía no sé como- y me pidió
que la cortáramos y la tiráramos. “Ahora
ya está”, me dijo.
-¿Te llaman otras mamás que están
atravesando por situaciones similares?
-Sí, me están llamando. Comparto mi
experiencia. Por ejemplo les recomiendo que eviten
mirar al abusador cuando declaran, y que no dejen
de expresar lo que sienten, el dolor que están
atravesando.
Ahora, me llamó una mamá con las tres
nenas abusadas. Pasó por siete abogados. Le
pidieron hasta 10 mil dólares, más el
20 por ciento de sus bienes para representarla; entonces
le recomendé a mis abogados, los doctores Alejandro
Martínez y Jorge Di Totto, a los que les estoy
muy agradecida porque nadie quería agarrar
la causa.
-Gastaste mucha plata
-Mucha. Mi hermano me ayudó.
-Así como te topaste con gente que no te ayudó,
también aparecieron personas que te acompañaron…
-Sí, por favor ponélos en la nota: las
abogadas Carmen Storani y Fabiana Bellini; los penalistas
que te nombré antes, la psicóloga de
la nena. Y destacar el trabajo de los peritos psiquiatras
Carlos Martino y Cristina Vila, y del fiscal Ricardo
Juan. Creo que estos datos pueden servirle a otras
mujeres para saber en qué profesionales confiar.
También quiero resaltar que Zulma Faiad, directora
del Centro de la Mujer de Vicente López, estuvo
en el juicio y se comprometió conmigo y con
mi hija.
Precisamente la licenciada Cristina Vila, especialista
en trauma y perito en el juicio, asegura que delitos
como éste, más allá de los daños
que producen a las víctimas, “afectan
profundamente a la mamá, quien al acompañar
el crecimiento de su hija busca, para protegerla,
los rastros del abuso”.
“Se pregunta qué conductas provienen
de esos hechos, del pasado abuso sexual, o si existe
otra explicación. Le costará cuidar
a su hija -vaticina, refiriéndose a María-
porque Clara es potencialmente más vulnerable
que otras niñas a diferentes dificultades interpersonales".
-¿Cómo sigue tu vida?
-Empecé a sentir felicidad continua, algo que
no recordaba. Tuve la gran alegría de que mi
hijo de 18 años me diga que me notaba bien.
Fueron cuatro años de calvario, pero sabía
que íbamos a tener una nueva vida.
-Tu lucha es una enseñanza de vida para tus
hijos.
-Me llama mucha gente felicitándome. Me dicen
que soy una leona. No todas pueden seguir, es muy
difícil física y psicológicamente
bancarte todo el proceso. Tuve contención familiar,
pero la diaria la viví sola. Por eso quiero
contar la historia de mi hija.
*Los nombres son ficticios para cuidar la identidad
de la niña.
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